Salud

Malos hábitos alimentarios que alteran nuestra salud

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Existen malos hábitos alimentarios que influyen en nuestro estado de ánimo. A continuación, te presento algunos hábitos que siempre hacen las personas y no saben que a la larga van afectar su salud.

Malos hábitos alimentarios y sus efectos:

Saltear comidas o hacer ayuno por mucho tiempo = Falta de energía y mal humor

El problema: pasar varias horas sin comer, puede provocar descensos abruptos de la glucemia, que es el nivel de glucosa en la sangre. Justamente, la principal energía que necesita el cerebro para funcionar es la glucosa. Cuando el azúcar en la sangre disminuye rápidamente, el cerebro y el sistema nervioso son los principales en resultar afectados. Comer dulces, pastelería y “snacks” suelen ser el primer impulso que surge ante esta caída del azúcar.

Consecuencias: decaimiento, sensación de estar flojos, mareados, sin ánimo, con mal humor o dificultades para la concentración.

Solución: organizar bien las cuatro comidas diarias, no saltear ninguna, realizar colaciones con cereales integrales o frutas o lácteos.

Comer excesivamente = desgano

El problema: si comemos en exceso el organismo tendrá que hacer un esfuerzo extra para digerir los alimentos. Los trastornos digestivos afectan la energía disponible para el cerebro.

Consecuencias: alteración de la digestión, dispepsia, acidez, malestar general, somnolencia, pesadez, desgano, dolor de cabeza.

Solución: comer inteligentemente, para poder aprovechar los alimentos en función de las tareas y actividades diarias. Evitar las combinaciones de difícil digestión, como las grasas saturadas con los aceites reutilizados. Elegir alimentos de fácil digestión y en cantidades adecuadas.

Omitir un grupo de alimentos = problemas de salud

El problema: ya sea por preferencia, como en el caso de las personas a las que no les gusta consumir verduras ni frutas o por dietas que excluyen ciertos tipos de alimentos como las carnes, omitir un grupo de alimentos aumenta el riesgo de carecer nutrientes indispensables para el organismo. Para funcionar a pleno, el cerebro necesita vitaminas, minerales y aminoácidos que son precursores de neurotransmisores que estabilizan nuestro estado de ánimo.

Consecuencias: puede haber anemia y desgano, bajas defensas inmunológicas, o lípidos altos, hipertensión, problemas cardiovasculares.

Solución: comer variado incluyendo alimentos protectores: carnes, lácteos, huevos, verduras, frutas, legumbres y aceites vegetales. En los casos de dietas vegetarianas o para bajar de peso, deben tener seguimiento profesional.

Abusar de un grupo de alimentos = aumento de peso, irritabilidad

Problema: generalmente este exceso implica un consumo deficitario de otro grupo de alimentos. Por ejemplo, en el caso de las dietas carnívoras, que no incluyen casi frutas ni verduras. También hay formas de alimentarse con exceso de alimentos no protectores, es decir, azucares, gaseosas, dulces y grasas animales.

Consecuencias: puede haber aumento de peso, conductas alimentarias compulsivas, irritabilidad, malestar general. También carencia de nutrientes y más posibilidades de desarrollar cáncer por no consumir ciertos alimentos que son preventivos, como las frutas y verduras.

Solución: comer variado de todos los alimentos, especialmente de los protectores, y reducir al mínimo los no protectores. Buscar ayuda profesional para lograrlo.

Comer estresados = problemas digestivos crónicos

El problema: si comemos estresados tragamos aire, no masticamos bien los alimentos, digerimos mal y hacemos una selección no saludable de ellos.

Consecuencias: acidez, trastornos digestivos, dispepsia, meteorismo, distensión abdominal, malestar general, pesadez. Mala absorción de nutrientes, mayor estrés físico y mental.

Solución: aprender a relajarse antes de comenzar a comer: realizar unas 5 a 10 respiraciones largas y profundas. Ya en la mesa, agradecer los alimentos, disfrutarlos, masticarlos lentamente. Transfórmense en un comedor lento, y concéntrese en lo que está haciendo, dejando de lado las preocupaciones.

Conducta dietética = frustración y depresión

El problema: las personas que viven haciendo dietas restrictivas, no solo incrementan el riesgo de desarrollar obesidad en el futuro, someten al organismo a continuos cambios metabólicos estresantes, que derivan en carencia de nutrientes y malestar emocional.

Consecuencias: aumento de peso, desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria, carencia de nutrientes, malhumor, frustración, nerviosismo, irritación, cansancio, depresión.

Solución: seguir las leyes de la alimentación que son la ley de la cantidad, de la calidad, la armonía y la adecuación. Recurra a un nutricionista que les siga al momento de darle un plan de alimentación bien balanceado. Además, es fundamental recibir ayuda profesional para cambiar el estilo de vida en lugar de hacer dietas restrictivas.

Cuida tu salud y trata de ir a un profesional en la especialidad de nutrición. Si nos alimentamos correctamente vamos a estar con muchas energías para nuestro día a día y cambia de una vez esos malos hábitos alimentarios.

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