Educación

Susceptibilidad: Cuando te ofendes fácilmente

susceptibilidad

Según el diccionario la susceptibilidad se refiere a una persona “quisquillosa”, que se ofende fácilmente. Si bien las razones pueden ser diversas y sería necesario examinar cada caso, frecuentemente se vincula con problemas de autoestima. No nos sentimos seguros de nosotros mismos, de quiénes somos, entonces aparece ese sentimiento.

La autoestima está referida a la opinión que tenemos de nosotros mismos. Una opinión realista y de aprecio. Nos podemos ver bien, o considerarnos un “cero a la izquierda”. Quienes sufren de autoestima baja, se dice que tienen una visión vertical, dónde ellos están por debajo de todos los demás. La visión que tienen de sí mismos es poco realista y gratificante. Desde ese lugar de disminución, miran el mundo y se sienten blanco de los comentarios negativos que escuchan en su entorno.

Autoprofecia cumplidora

Hay un término en psicología que se llama autoprofecía cumplidora. Se refiere a que el individuo hace una predicción negativa al respecto de sí mismo y sin advertirlo contribuye a que esta profecía se cumpla.

Por ejemplo: No me siento una mujer atractiva y voy a una reunión social. Como no me siento capaz de atraer a alguien, o sea, que nadie se me va acercar, mi actitud general (y corporal también) muy probablemente será una en la que se me podrá ver aislada, evitativa, poco comunicativa.

Resultado: Si eso es lo que transmitió a los otros, nadie se me acercará, es verdad (lo que yo pensaba). Pero no necesariamente por los motivos por los que yo pensaba (“no soy atractiva”) sino porque con mi actitud he propiciado que el otro interprete que quiero estar sola.

Finalmente, cuando termina la noche y nadie se me acerco… mi único pensamiento consiste en la sensación de confirmación de lo que yo pensaba: “Claro, quién se me iba a acercar..? ¿A quién le podría parecer atractiva?”.

Este estado de desvalecimiento y de disminución se transforma en una actitud temerosa hacia el otro. El otro se vuelve un potencial peligro (de provocarme malestar) y mi actitud es de defensiva hacia él.

Quiero cambiar, pero ¿Cómo?

La autoestima se fortalece empezando por valorarnos. No lo que hacemos, no lo que producimos, sino lo que somos en nuestra esencia. Esto, ¿Qué quiere decir?

Cuando venimos al mundo, enseguida comienza nuestro proceso de adaptación a él. Empezamos a impregnarnos de estructuras, reglas. Y está bien que así sea, porque es necesario para la supervivencia, pero este proceso conlleva experiencias que nos van moldeando y donde cada vez más, nuestra esencia, esa con la que vinimos al mundo, va quedando más y más cubierta y fuera de nuestra vista.

Es nuestra esencia lo que tenemos que valorar, más allá de lo camuflada que pueda estar por errores que cometemos o defectos que tenemos. Por eso no depende de los logros, habilidades que desarrollemos.

De hecho, es a partir de este valor incondicional que tenemos respecto a nuestra esencia, que es posible construir crecimiento, desarrollo, aptitudes. No al revés. ¿O es que no conocemos personas exitosas (en el deporte, negocios, etc.) que tienen baja autoestima y en el fondo son muy inseguros?

De logros y dificultades

Cuando nos evaluamos, fácilmente podemos creer que nuestro mérito depende de nuestros logros. Y contemplamos este concepto de logros con una visión muy estática y pobre. No es que tenemos logros o no los tenemos. Tenemos distintos logros en distintos momentos.

Que tengamos dificultades en algunas áreas no quiere decir que no seamos muy asertivos en otras.

Ayer sabíamos menos de lo que sabemos hoy. El proceso es dinámico y múltiple y dura toda la vida. Poder verse así es poder verse más completo y también de una manera más realista y a la vez más amable. Esta forma es más susceptible de poder contribuir a generar seguridad en uno mismo, a internalizar lo que es el sentirse alentado.

¿Cómo dejar de ser susceptible?

La susceptibilidad está en estrecha relación con nuestra autoestima, cuando estamos irritables no nos sentimos bien, sentimos que hay otra persona dentro de nosotros. Estamos nosotros, que queremos ser de una manera, pero también esta lo otro, que es lo que en este momento somos. En realidad, debemos encontrar un punto medio para esto, Y ¿Cómo lo logramos?

  • En el momento en que todo nos cae mal hay que respirar y salir a caminar. En este paseo, trate de respetar sus errores. Recuerde que todo es un desarrollo y una evolución, continua y constante. “Que algo salga mal” es parte del recorrido, de la vida, no es la excepción. No hay que desesperar, sino respirar y pensar cómo seguir.
  • No tener pensamientos negativos sobre uno mismo. No hay que centrarse en los defectos, sino que hay que contrarrestarlos diciendo algo positivo: cada día anotar tres cosas que le gusten y lo hagan feliz. Muchas veces lo que falta cuando estamos irritables es recordar la información positiva que existe sobre nosotros.

  • Ponerse como objetivo el logro, ya no la perfección. A esta última no se llega nunca, la perfección es como el horizonte; el logro, en cambio, no nos frena, y nos permite ver el paso a paso. Se trata de detenerse a ver, pero también a disfrutar.
  • Probar cosas nuevas, que nos pongan en contacto con nuestras habilidades; estar susceptible muchas veces se relaciona con sentirse inútil y encerrado en la vida. Conectarnos y descubrirnos en lo que somos buenos hace que nos sintamos más en tierra.
  • Identificar lo que se puede ahora, y lo que no; lo que se puede en un año y lo que no. Se trata de ser realista con uno mismo, pues proponerse metas inalcanzables no hará sino ponernos de muy mal humor.

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